lunes, 18 de julio de 2011

Wanna take my time for me ..all me

En la vida hay momentos que nos hacen perdernos. Hay momentos que nos hacen dudar del aquí, del ahora. Momentos en que, el lugar en que estamos parados, no sabemos dónde es, ni cómo llegamos, ni si es a dónde queríamos ir. Tampoco si es, acaso, algún punto intermedio llevándonos a nuestro deseado final. El trabajo para mí, está en encontrarnos. Y entonces, no es tan malo estar completamente idos, solos, mareados, sin rumbo.

Porque, nunca estamos solos, siempre estamos con nosotros mismos.

Sé que se rompe una gran creencia, cuando pensamos esto. Sé que se corroe un principio, una justificación digna a nuestras tristezas y alegrías...Cuando decimos esto. Pero es así, cada sonrisa, no viene de los otros que nos rodean, no viene de las cosas que nos pasan, no vienen de una vida que vemos como si fuese una película y nosotros los espectadores.

Esta sonrisa que me sacaste, no viene de vos. Viene de mí, y de que quise reír al encontrarme contigo. Y de que quise ser feliz en ese instante. Nada pasa en nuestro exterior y se adueña de nuestras vidas, y nuestros sentimientos. No!

Y la tristeza que hubo ayer aquí, merodeando en mí casa, no se quedó aquí…me siguió por las calles que caminé y nunca me perdió, siempre fue justo detrás de mí, siempre alcanzándome.

Porque esa tristeza, también yo la quise, también yo la busqué. Para sentirme viva, para sentirme vulnerable para sentir, que podía ser así que podía ser de esas personas, que podía ser de aquellas personas que creen que la vida simplemente les pasa.

Pero no soy así, si ayer sonreí y hoy lloré. Solo es porque yo quise que seas importante, sólo fue porque yo quise que significaras algo, solo fue porque yo me quise sentir decepcionada…yo te creé y vos apareciste y hoy yo puedo hacer que no seas nada, como lo fuiste siempre y cómo lo seguirás siendo.

Es entendible que darle tanto valor a nuestra mente y a nuestra voluntad, a veces da miedo. Afrontar ese tipo de responsabilidades es fuerte y es grande. Saber que nuestra vida es tal y cual nosotros la hacemos día a día, saber que nunca estamos perdidos, que acá llegamos nosotros y que no hay posibilidad de que haya sido diferente, nos hace nuestros amos, nos hace nuestros ángeles, pero más que todo, en ese preciso momento que nos damos cuenta, nos hace nuestros enemigos, nuestros diablos.

Y es el todo que somos, y tiene que ser así.

No es un viento que nos lleva para donde gusta, no vamos con la corriente, no son las olas llevándonos a ninguna orilla, siempre estamos caminando, siempre estamos nadando, siempre estamos haciendo una fuerza con nuestro cuerpo, siempre estamos yendo hacia algún lado.

Hacerse responsable de nuestra vida, de nuestra felicidad, de nuestra tristeza, de nuestra duda… es saber que ya no podemos estar tirados, ni desahuciados, esperando que algo pase, que alguien llegue, que salga el sol… es saber que tenemos que levantarnos, que tenemos que decidirnos, que tenemos que cambiarlo.

Es saber que en nuestras manos lo está todo.

Completamente todo.

Conocerte, encontrarte, perderte, volverte a encontrar, quererte no quererte, sonreír y llorar. Dejarte ir. Todo lo hice yo posible, todo fue gracias a mí.

Entonces hago esto, te dejo, ir, y sonrío. Porque viajar sin ti es más liviano para mí, porque sin ti para mí es más fácil dirigirme tranquila, porque sin ti soy todavía más dueña de mí, puedo sonreír más tiempo. En este viaje conmigo, menos veces y por menos tiempo me pierdo, menos veces y por lapsos mucho más cortos no sé donde estoy, no se para donde voy, no me siento dueña de mi vida, siento que me corrí de mi camino, que mi eje ha desaparecido, que en algún momento del trayecto me equivoqué de señal y fui a parar a cualquier parte.

Si mi voluntad no se cruza con la tuya, para mí es más fácil simplemente dirigirme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario